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La industria del salmón afirma que el salmón que comemos es sano, que procede de zonas vírgenes y que se cría de forma sostenible.

El problema

¿Por qué luchamos contra esta industria?

La industria del salmón afirma que el salmón que comemos es sano, que procede de zonas prístinas y que se cría de forma sostenible. Incluso sostiene ser la solución al problema mundial de las proteínas al ayudar a mitigar la sobrepesca y al contraponerse a las industrias cárnica y avícola, que funcionan con criaderos.

Claramente, todo esto dista mucho de ser cierto.

“El equivalente acuático del pollo es el salmón rosado, otro ser programado genéticamente para ser un monstruo, procedente de criaderos al borde del mar, alimentado con mezclas que aceleran el crecimiento y tratado de forma preventiva con antibióticos. Su cría forzada en masa ha conseguido desequilibrar el ecosistema hasta el punto de hacer desaparecer ejemplares salvajes, de los que quedan solo algunos en unos pocos lugares, como Alaska”, afirma la doctora argentina Mónica Müller.

El 80 % del salmón que comemos no es salvaje, se produce en criaderos de salmón. 

Estas son algunas de las numerosas consecuencias nefastas que los criaderos tienen en los ecosistemas marinos y en su biodiversidad, en la salud humana y en el bienestar de los peces:
Los criaderos de salmón son redes abiertas abarrotadas, sumergidas en el océano.

El salmón contrae enfermedades y piojos de mar, por lo que se lo trata con productos químicos pesados y antibióticos que generan resistencia y contaminan el ecosistema.

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CRÉDITOS
Foto por Francisco Ferraro @fferrarophotography

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CRÉDITOS
Foto por Francisco Ferraro @fferrarophotography

Con más frecuencia de la deseada, los salmones escapan de estas redes abiertas, lo que supone un daño irreversible para las poblaciones salvajes. No solo compiten por el alimento, sino que también pueden propagar enfermedades y cruzarse con salmones salvajes. El salmón es un pez carnívoro, lo que representa una amenaza para otras especies cuando se introduce en ecosistemas de los que no es originario.

La industria salmonera elige zonas prístinas para operar. Sin embargo, una vez que la industria se asienta, estas zonas pierden su rica biodiversidad y se convierten en zonas muertas: áreas en el fondo del océano con poco o nada de oxígeno, donde la vida no puede prosperar.

Concentración de residuos orgánicos + pienso que no se consume + heces + residuos plásticos flotantes + pinturas tóxicas + productos químicos + redes y estructuras hundidas = zonas muertas.

Los criaderos de salmón contribuyen a la sobrepesca. La harina y el aceite de pescado se utilizan para alimentar al salmón. En este proceso, se pierde el 72 % de las proteínas. Se necesitan 5 kg de pescado salvaje para producir 1 kg de harina de pescado. El 90 % de esas especies son aptas para el consumo humano.

El salmón de criadero no tiene ese precioso color naranja y no es realmente sano: se añaden colorantes a su piel gris y tiene muchas más grasas saturadas y omega 6 que el salmón salvaje.

Hay muchos otros impactos y problemas relacionados con los criaderos de salmón de red abierta. Si quieres saber más sobre lo que comes, consulta nuestra sección “Infórmate”, donde encontrarás informes y artículos científicos al respecto.