[ EL PROBLEMA ]

La salmonicultura en redes abiertas es injusta.

INJUSTA

con el océano.
con las especies nativas.
con las comunidades costeras.
con las futuras generaciones.
con las poblaciones vulnerables.
con las y los consumidores.

El 70% del salmón que se consume en el mundo proviene de granjas que generan impactos sociales, económicos y ambientales profundamente dañinos.

¿Por qué?

Las salmoneras en redes abiertas funcionan como feedlots en el mar: millones de peces hacinados en jaulas flotantes, tratados con químicos y antibióticos, mientras sus desechos, parásitos y contaminantes se liberan directamente al océano.

Este modelo destruye ecosistemas marinos, pone en riesgo a la fauna silvestre, afecta a las comunidades costeras y sigue expandiéndose hacia nuevas regiones bajo la falsa etiqueta de “producto sostenible”. Detrás de esta industria existe un profundo desequilibrio de poder que agrava las desigualdades globales: agota ecosistemas del hemisferio Sur para producir un alimento de lujo destinado mayormente al hemisferio Norte. Mientras las comunidades locales resisten con recursos limitados, las corporaciones invierten millones para controlar la narrativa. El resultado es un modelo extractivista que sacrifica el océano y a quienes dependen de él.

La concentración de desechos orgánicos + el alimento no consumido + las heces + los residuos plásticos flotantes + los químicos + las redes + las estructuras hundidas = zonas muertas.

Impactos

La salmonicultura afecta al ecosistema circundante en su totalidad. Por eso, es imposible que no impacte también en las comunidades y economías locales.

Comunidades y economías locales

Las salmoneras suelen instalarse en costas de aguas frías —los mismos lugares donde operan las pesquerías locales. Esto las afecta de dos maneras: por un lado, ocupan el espacio que los pescadores necesitan circular; por el otro, contaminan los caladeros tradicionales, transmiten virus y parásitos a los peces silvestres y ponen en riesgo los medios de vida. El peróxido de hidrógeno, por ejemplo, se utiliza para controlar el piojo de mar y es tóxico para el krill (*), alimento fundamental para el salmón silvestre y para las ballenas del sur. También puede dañar a los salmones juveniles.

Vale mencionar que el salmón producido en estas jaulas se destina principalmente a la exportación. Cuando el pescado local empieza a escasear, el impacto no recae solo en los pescadores, sino en todas las personas que dependen de ellos: las comunidades locales, y también los restaurantes y la gastronomía, que en muchos lugares son una de las principales actividades turísticas.
El turismo también se ve afectado de otras maneras: ¿quién querría visitar un lugar que alguna vez fue prístino y ahora está lleno de jaulas y desechos?

Más allá del aspecto económico, la salmonicultura también genera impactos patrimoniales y culturales. En lugares como Macquarie Harbour, en Tasmania, la actividad salmonera redujo tanto los niveles de oxígeno que llevó al borde de la extinción a la Raya de Maugean, un animal que ha sobrevivido desde la era de los dinosaurios. En Chile y Canadá, muchas granjas operan en territorios indígenas sin el consentimiento adecuado, afectando derechos locales, la soberanía alimentaria y las economías tradicionales.

Alimento

La salmonicultura depende en gran medida de la harina y el aceite de pescado (FMFO) elaborados a partir de pequeños peces pelágicos, como las sardinas, provenientes —en gran parte— de África Occidental y América Latina. Estas especies son fundamentales en la dieta de millones de personas, por lo que usarlas para alimentar salmones priva a las comunidades costeras de una fuente accesible de proteína, profundiza la inseguridad alimentaria y ejerce aún más presión sobre poblaciones de peces que ya están sobreexplotadas. Greenpeace África estima que los peces utilizados actualmente para producir aceite destinado a las salmoneras noruegas podrían, en cambio, cubrir las necesidades nutricionales anuales de hasta 4 millones de personas —una muestra contundente de lo que se les está arrebatando a las comunidades locales.

Según la FAO, el 22% de la pesca mundial se destina a producir harina y aceite de pescado (FMFO), y para obtener 1 kg de salmón de cultivo pueden llegar a necesitarse hasta 6 kg de pescado silvestre. La escala de extracción se ha disparado: 

en la última década, el número de fábricas de harina y aceite de pescado (FMFO) en África Occidental pasó de 5 a 49, y como señala el informe Blue Empire de FoodRise, la región se ha convertido en un centro clave de abastecimiento para la industria. Esto compromete gravemente poblaciones de peces esenciales, en un momento en que el hambre aumenta en toda el África subsahariana.

En definitiva, aunque el capital que impulsa la salmonicultura proviene mayormente del hemisferio Norte, sus costos sociales y ambientales recaen de manera desproporcionada sobre el Sur.

*FAIRR:De-risking Salmon Feed:
The Wild-Caught Fish Dilemma. Page 6.

Empleos

Aunque la salmonicultura opera en distintas regiones del mundo, las empresas que la controlan son, en gran medida, siempre las mismas. Once de los veinte mayores productores de salmón del planeta son noruegos, y en 2021 MOWI, SalMar, Lerøy Seafood Group y Cermaq ocuparon los primeros cuatro puestos en Noruega, concentrando juntas cerca de la mitad de la producción del país (FAIRR).
Como consecuencia, las ganancias casi nunca permanecen en los países donde se instalan las granjas. En cambio, regresan a las casas matrices en el extranjero.

Los puestos de trabajo que genera la industria también son mínimos. En Noruega —cuna y epicentro de la salmonicultura— el cultivo de salmón del Atlántico se ha convertido en una de las industrias alimentarias más rentables del país. La escala es enorme: Noruega produce más de la mitad del salmón del Atlántico de cultivo del mundo. En 2024 alcanzó una producción de 1.542.480 toneladas.

Sin embargo, el empleo generado sigue siendo muy limitado en comparación con la magnitud del sector. Según la Dirección de Pesca de Noruega, la industria acuícola noruega empleó directamente a alrededor de 10.157 personas en 2022, representando el 0,18% de la población.
Si se consideran los efectos indirectos a lo largo de toda la cadena de suministro, la cifra asciende a aproximadamente 52.500 puestos de trabajo, que equivalen al 0,93%.

Esto demuestra una dinámica central: una producción enorme y un alcance global, pero un nivel de empleo muy reducido en comparación con otros sectores de gran escala.

Las salmoneras en redes abiertas no solo dañan el medioambiente: el salmón de cultivo también es menos nutritivo que el salmón silvestre. Tiene más grasas saturadas, menos Omega 3 y más calorías. Además, suele estar contaminado con microplásticos, químicos como los PCBs y bacterias resistentes a los antibióticos, lo que representa un riesgo tanto para las personas que lo consumen como para los ecosistemas.

El salmón de cultivo se alimenta con una combinación de harina y aceite de pescado, materiales vegetales y un antioxidante llamado Astaxantina, que se agrega para darle color rosado a la carne. En la naturaleza, los salmones adquieren ese pigmento al comer camarones y peces pequeños. Sin este aditivo, la carne del salmón de cultivo sería gris.

Para más detalles:

En Noruega —frecuentemente presentada como el “modelo sostenible” de la industria salmonera global— cada ciclo de producción en el mar dura alrededor de un año y medio. Al finalizar, las granjas suelen quedar en descanso de dos a seis meses. Sin embargo, incluso con estas prácticas, muchos sitios deben reubicarse con el tiempo debido a la fuerte degradación del fondo marino, que en algunos casos llega a volverse hipóxico (sin oxígeno) o biológicamente inactivo.

Principales productores / puntos críticos

“respecto a Los sistemas de certificación, no ofrecen garantías reales. A pesar de afirmar “estándares más altos”, la evidencia demuestra que aún permiten graves daños ambientales, altas tasas de mortalidad y el uso de sustancias químicas nocivas. Muchos dependen financieramente de las empresas que auditan, lo que crea claros conflictos de intereses y socava la verdadera independencia.”

Para más detalles,
leé el informe.:
“Responsibly farmed?”

CATALINA CENDOYA

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