Las prístinas aguas costeras de Maine han sustentado durante mucho tiempo a las comunidades locales, desde pescadores y langosteros hasta empresas turísticas que dependen de ecosistemas saludables. Sin embargo, una creciente amenaza acecha bajo la superficie: la salmonicultura a escala industrial, que promete pescado más barato y producido en masa, pero conlleva graves riesgos ambientales.
La salmonicultura, en particular las operaciones industriales dirigidas por empresas como Cooke Aquaculture, implica la cría de grandes cantidades de peces en jaulas flotantes abarrotadas, ancladas en aguas abiertas. En Maine, Cooke cría más de un millón de salmones en estas jaulas flotantes, distribuidas en 13 sitios activos en el estado.
El riesgo ambiental más evidente que representan las granjas de salmón es que la contaminación que generan (excrementos de peces, restos de alimento y peces muertos) se acumula en el fondo de las jaulas. Gruesas capas de lodo tóxico cubren el fondo marino y matan las fuentes de alimento de las langostas y los peces que habitan en el fondo. Para los pescadores de langostas de Maine, que dependen del agua limpia y un ecosistema sano para su sustento, esto supone un golpe devastador…


