INFORME publicado en Science Advances

Alimentando la acuicultura mundial

Abstracto

El crecimiento de la acuicultura animal requiere cada vez más alimento. Sin embargo, se argumenta que la piscicultura y el cultivo de crustáceos son sostenibles debido a que el uso de peces silvestres es bajo y ha mejorado con el tiempo. En este estudio, considerando los recortes y subproductos de peces silvestres en los alimentos para la acuicultura, y utilizando cuatro fuentes diferentes de datos de composición de alimentos reportados por la industria, encontramos ratios de insumos de pescado a productos de cultivo de 0,36 a 1,15, entre un 27 % y un 307 % más altos que una estimación previa de 0,28. Además, una métrica que incorpora la mortalidad de peces silvestres durante la captura y excluye los sistemas sin alimentación eleva el ratio de mortalidad de peces silvestres a productos de cultivo a entre 0,57 y 1,78. También evaluamos los ingredientes terrestres en los alimentos para la acuicultura. Estimaciones ampliamente citadas sobre la disminución del uso de peces silvestres entre 1997 y 2017 implicaron una compensación de más de cinco veces el uso de cultivos forrajeros durante el mismo período. Nuestra evaluación cuestiona la sostenibilidad de la acuicultura alimentada y su papel en la seguridad alimentaria.

Para alimentar al mundo, reconozcamos la interconexión entre la acuicultura y la pesca

Los esfuerzos por expandir la acuicultura se presentan cada vez más como esenciales para la seguridad alimentaria mundial y la sostenibilidad de los océanos; sin embargo, estas narrativas suelen ocultar las complejas e interdependientes relaciones entre la acuicultura y la pesca extractiva. Este artículo cuestiona críticamente el enfoque dominante de “alimentar al mundo” en la expansión de la acuicultura, argumentando que tratar la acuicultura y la pesca como sistemas aislados socava la equidad social, la sostenibilidad ecológica y la eficacia de las políticas alimentarias.

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Fraude alimentario en el sector pesquero y acuícola

El informe analiza los marcos regulatorios y las normas, como las establecidas por el Codex Alimentarius, las directrices de la FAO y los esquemas de referencia de la GFSI, y aboga por un etiquetado armonizado, nombres científicos obligatorios y una mejor trazabilidad. Asimismo, destaca la importancia de la concienciación del consumidor y la transparencia de la industria para combatir el fraude.

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