A nivel mundial, mil millones de personas dependen del pescado como su principal fuente de proteína animal, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la mala gobernanza, la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) y la sobreexplotación de las poblaciones de peces por parte de industrias como la de la harina y el aceite de pescado (FMFO) están dejando graves consecuencias para las poblaciones locales, privándolas de una de sus fuentes de alimento y de ingresos más importantes para alimentar un sistema alimentario deficiente. Este informe muestra un claro ejemplo de ello.
Cada año, más de medio millón de toneladas de pescado —que podrían alimentar a más de 33 millones de personas en la región— se extraen del océano a lo largo de la costa de África Occidental y se transforman en harina de pescado y aceite de oliva para alimentar a peces de cultivo y ganado, principalmente en Europa y Asia. Prácticamente toda la harina de pescado y aceite de oliva producida en África Occidental se exporta para beneficio de otros sectores —como la acuicultura, la agricultura, los suplementos dietéticos, los cosméticos y el cuidado de mascotas— en terceros países, la mayoría fuera del continente africano, en contradicción con los compromisos internacionales en materia de desarrollo sostenible, reducción de la pobreza, seguridad alimentaria e igualdad de género.
Esta práctica no solo socava la seguridad alimentaria en las comunidades costeras de Mauritania, Senegal y Gambia, sino que también priva a las personas que viven en el interior de Senegal y en países sin litoral como Malí y Burkina Faso de una de sus fuentes de proteína más esenciales. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), las principales especies de peces que utiliza la industria de la carne y los pescados en África Occidental —la sardinela y la bonga— ya están sobreexplotadas, lo que supone una grave amenaza para la seguridad alimentaria en la subregión. De este modo, la industria de la carne y los pescados contribuye a agravar las dificultades sociales y acelera el agotamiento de los recursos pesqueros, lo que amenaza los ecosistemas marinos y debilita las economías de varios países.
La mayor parte del aceite de pescado procesado procedente de África Occidental se destina a la alimentación de la acuicultura, una industria voraz que ya abastece más de la mitad del consumo mundial de pescado y se prevé que siga creciendo hasta alcanzar el 60% del consumo mundial total de pescado en 2030. Además, la acuicultura con piensos intensivos ha superado con creces a la acuicultura sin piensos, representando casi el 70% de toda la producción acuícola en 2018. La UE es un mercado importante para el aceite de pescado de África Occidental. En 2019, más del 70% del aceite de pescado que Mauritania exportó tuvo como destino la UE.


